“Una serie de personas han sido determinantes para dedicar mi vida a intentar hacer felices a los demás con mi pintura.

Quiero agradecer, con todo mi corazón, a esos mecenas espirituales que rompieron la barrera que me impedía pintar y que mantienen mi luz interior.
 
En primer lugar, a mi alma gemela, a mis gorriones y a Laios, bálsamos de mi alma.

A mi “familia esotérica”: José Antonio Yuyu, Susana, Chema, René, Jesús... que no descansaron hasta ver mi primer cuadro hecho realidad.
 
A mi “familia de artistas”: que me llevaron de la mano a mi primer encuentro con una galería. Y a Jaime y a Cristina, que me facilitaron mi primera exposición.

A mi “familia del colegio”: que han cuidado de mis gorriones y me han dado confianza.

A mi madre, por su dedicación y a Jota por su comprensión.

A mis amigos: que son el apoyo diario para mantener la energía necesaria para seguir pintando.

Y a las almas que se van a reconocer en mis obras”